El cierre total de las librerías Borders es un hecho. Se acabaron, sono finite. Y pensar que miles de personas acudían a la sucursal de Plaza las Américas (que es la que conozco) a curiosear en sus mesas y anaqueles de forma libre y un tanto anárquica. Unos compraban, otros leían, otros tertuliaban, otros tomaban café y bizcochitos y otros, también, dormían la siesta.
Como librería tenía la ventaja de permitirnos deambular a nuestras anchas en una librería-biblioteca, hojeando, navegando tangiblemente entre el conocimiento y el entretenimiento que aún se puede tocar, en una especie de orden desordenado. En cada visita podíamos toparnos con aquel autor, aquel libro, cd, dvd o revista del cual habíamos oido hablar. Sin embargo, ordenar items que no tuviera la librería era otra historia. Jamás logré que me consiguieran alguno, a pesar de llenar el formulario correspondiente. Para conseguir mi desiderata tenía que acudir a Barnes and Noble o Amazon online.
Como biblioteca tenía la gran ventaja de permitirnos acceder directamente a su inventario, sin cortapisas, sin intermediarios. Además, los libros y revistas estaban nuevecitos, cosa que no ocurre con la mayoría de los que encontramos en las bibliotecas. Leer en butacas cómodas o desparrramarnos por el piso es un lujo que solamente se pueden permitir los niños en las bibliotecas infantiles. En cambio su sistema de organización y añaquelaje, desde mi punto de vista de bibliotecaria catalogadora, dejaba mucho que desear.
Cuentan que había personas que escondían los libros que comenzaban a leer para poder continuar en otra ocasión. Vaya mezquindad por partida doble; egoísmo y tacañería. Personalmente presencié una escena que me confirmó que Borders era la Biblioteca Pública de San Juan. Una noche, a la salidad del cine, al filo de las 11:00, se me ocurrió ir a Borders a ver qué ambiente me encontraba. Para mi sorpresa, había un nutrido grupo de lectores, muy concentrados y cómodamente ubicado en sus butacas. Resulta que otro usuario, que estaba buscando en los anaqueles, comenzó a hablar por teléfono y los usuarios lectores lo mandaron a callar. !Menuda falta de respeto, hablar en Borders!
Lo cierto es que Borders fue una gran amiga que nutrió mi espíritu y aclaró mis dudas. Saramago, Allende, Platón, Salinger, Carl Simonton, Crhistiane Northrup, Weiss, Matute, Esteban Martín, Esmeralda Santiago…Con ellos y muchos otros me comuniqué gracias a Borders. Y eso que predominaban los libros en inglés! Por eso creo que todos sus clientes dejamos un pedacito de corazón en esta librería que causó sensación durante años y que ahora se apaga. Adónde iremos a leer ahora?
Quiero decir también que lo siento mucho por sus empleados. Lo siento doblemente porque ya Michael Moore había denunciado que Borders les pagaba mal,les escatimaba sus beneficios laborales y les prohibía organizarse. El propio Moore sufrió las consecuencias de su apoyo a los trabajadores de Borders, según relata en Banned by Borders. ¿Será la bancarrota consecuencia de su mala administración y mala fe hacia su personal o producto del efecto de los medios electrónicos, legales o pirateados? Por otra parte, no es justo que si antes Borders devoró a muchas librerías pequeñas, ahora la fagociten los medios cibernéticos? Me queda un sabor agridulce.