Por este medio hago constar mi oposición a la aprobación del Plan y Reglamento de Calificación Especial del APEGRN y del Documento de Designación de la GRNCEN, propuestos por la Junta de Planificación (JP) y el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), basándome en los argumentos que siguen a continuación.
La incidencia criminal en PR es muy alta. La falta de valores, producto de una sociedad de consumo basada en el mantengo, es la responsable de que no se respete ni la vida ni mucho menos la naturaleza, de la cual dependemos para vivir. Según datos ofrecidos por el Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico, apenas el 7% de los espacios naturales de PR están protegidos por ley para propósitos de conservación, mientras que EU tiene el 25%. Esto significa que PR es un paraíso para la especulación y que basta con que se produzca una inyección de capital, tanto legal como pseudolegal, para que los espacios verdes, los pulmones del País y de la Tierra, se llenen de cemento.
Nuestras comunidades, especialmente, nuestros jóvenes, se asfixian. Basta con visitar muchos pueblos, en los que apenas hay alguna actividad, laboral o de otro tipo. La actividad mayor parece ser el consumo desmedido, el derroche y la producción de basura. Se desprecia la propiedad ajena y, por ende, a nuestros propios semejantes y al País porque no hay un norte constructivo que nos guíe, porque impera el desarraigo.
Sin embargo, en cada rincón de la Isla hay costas, montañas, cuevas, bosques, tantos parajes valiosos y hermosos que piden a gritos que los conozcan, que los cuiden, que se conserven para mantener el necesario balance y para mitigar el impacto de los fenómenos naturales. El Sierra Club, entre otras entidades sin fines de lucro, está educando a las comunidades sobre el valor de sus entornos y sobre cómo apropiarse de ellos para mejorarlos y para obtener de ellos su pan de cada día de forma sostenible, fomentando el turismo ecológico, tanto local como internacional. Gracias a su trabajo se logran varios propósitos: reducir el desempleo, aumentar la autoestima de las personas, reducir el impacto del desarrollo urbano, retomar el contacto con la Madre Tierra y crear el clima de paz que tanto necesitamos.
Por estas razones, es tan importante conservar el Corredor Ecológico del Noreste. El Corredor, que consta de 3,057 cuerdas, conforma ecosistemas que sirven de hogar a más de 865 especies de flora y fauna, de las cuales 54 son consideradas como especies endémicas, amenazadas o en peligro de extinción, según el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales. El CEN alberga, además, 124 especies de aves. El CEN contiene uno de los mejores remanentes de bosque costero primario en todo Puerto Rico y representa una conexión con la Reserva Natural de las Cabezas de San Juan y el Bosque Nacional El Yunque. Las comunidades de Fajardo, Luquillo y Río Grande, así como todo Puerto Rico, necesitan el CEN.
Por lo antes expuesto, solicito la restitución de todos los terrenos del CEN como reserva natural según designados en el 2008, incluyendo la aprobación del Plan Integral de Usos de Terrenos y Manejo de la Reserva Natural Corredor Ecológico del Noreste, según presentado en vistas públicas en agosto de 2008, y cuya Declaración de Impacto Ambiental Estratégica fue aprobada por la Junta de Calidad Ambiental en noviembre de 2008.