Después de nueve años de haber sufrido un cáncer de seno que me dejó con una mastectomía radical, tratamientos de quimioterapia, radioterapia y secuelas emocionales me decidí a hacerme la reconstrucción. El cirujano me había dicho que esperara cinco años, pero aún tardé seis años más en planteármelo.
No sabía nada de las cirugías. Lo único que tenía claro era que no quería implantes artificiales. A pesar de sentirme bastante tranquila, sin temor a recurrencias, no quería en mi cuerpo inguna sustancia que pudiera incitar a las células rebeldes que pudiera tener en mi cuerpo a volver a juntarse. Así que acudí a un cirujano estético y le dije lo que no quería, sin haber buscado información sobre las opciones existentes en 2011. Tan ajena me había mantenido de ese mundo desde la cirugía anterior. Su explicación fue breve: podía construirme un seno con mi propia barriguita, con lo que tendría el beneficio adicional de una abdominoplastía, y que tendría que estar sin trabajar 3 meses. Inmediatamente me pasó con una asistente, la cual me entregó un papel en el que me indicaban los cargos que el seguro médico no cubriría (unos $500.00), que tendría que conseguir sangre para la operación y que la operación que iban a hacerme se conocía como Tram.
No salí del consultorio muy satisfecha con la información obtenida y me dediqué a investigar en diversas páginas en Internet, así como en artículos publicados en revistas científicas, más datos sobre la reconstrucción de pechos. Encontré, que aparte de los implantes, los cuales ya había descartado, había dos operaciones en las que se usaba exclusivamente tejido de la paciente: el Tram y el Diep Flap. En ambas se usa la grasa y la piel del abdomen para formar un seno. La diferencia consiste en que en la primera también se usa un músculo abdominal que es el que contiene los vasos sanguíneos que van a mantener vivos los tejidos, mientras que en la segunda, no se toca ningún músculo porque mediante microcirugía se conecta el tejido a otros vasos sanguíneos del pecho. O sea, que con el Tram nos quedamos sin ese músculo, con lo que debilitamos la pared abdominal, pero la operación es menos larga y consecuentemente, menos peligrosa y con menor riesgo de necrosis. El caso es que en Puerto Rico actualmente sólo se hace el Tram, así que no tenía que elegir.
Volví al médico con más preguntas, después de haberme documentado, en incluso haber visto videos de ambas operaciones, sobre todo para aclarar inquetudes sobre el por ciento de recuperación después de una intervención tan invasiva. Al médico no le gustó que le dijera que había sido muy breve en su explicación y que necesitaba más datos para tomar la decisión. Así, que como creo que el paciente tiene todo el derecho del mundo de aclarar sus dudas y preguntar todo lo que se le ocurra antes de que un médico disponga de su cuerpo y de su salud, decidí buscar otro cirujano. Continuará…