Hulda Clark y la medicina natural

Hulda Clark murió el 3 de septiembre de 2009, a consecuencia de complicaciones relacionadas con una lesión de la espina dorsal. Esta valiente mujer, como todos los investigadores que se distancian de la medicina convencional, tuvo muchos detractores. Sin embargo, sus libros, entre los que destacan, The cure for all advanced cancers, nos enseñan cómo los parásitos y los hongos pueden suprimir elsistema inmunológico y evitar que nuestro cuerpo reaccione a las mutaciones que sufren diariamente nuestras células. Los tratamientos recomendados por Hulda y su novedoso análisis de numerosos alimentos y productos, para determinar su toxicidad, han ayudado a miles de personas a recobrar o a mantener la salud. Hulda fue perseguida por llevar a cabo tratamientos detoxificantes, usando hierbas, vitaminas y minerales, tratamientos que nunca patentó y que describió con lujo de detalles en sus libros. Estaba plenamente convencida de su eficacia y tuvo muchos seguidores, algunos de los cuales han organizado el Dr. Hulda Clark Information Center. Aunque los defensores de la medicina convencional se han burlado de sus teorías, me parece curioso que en la edición de hoy del MSN Encarta aparezca un artículo titulado, Top 5 Menu Items Most Likely to Contain Parasites, en el que se describen algunos parásitos que pueblan las carnes y los mariscos semicrudos, así como las dolencias que pueden causar. Sé bien, que aunque Hulda tenga razón en muchos de sus postulados (también se habrá equivocado en otros), la medicina convencional no va a reconocer sus méritos. En todo caso, tratará de lucrarse de ellos.

Afortunadamente, Hulda no está sola. Según el Dr. Samuel Epstein, profesor emérito de medicina ambiental y ocupacional de la University of Illinois School of Public Health y director del Cancer Prevention Coalition:

Winning the war on cancer means preventing cancer. Yet cancer is a multi-billion dollar business. Isn’t preventing cancer bad for business? It is for the pharmaceutical and mammography businesses. These industries have intricate ties to U. S. policy makers, directing research funds to insure their continued profits in cancer diagnosis/treatment. It’s time for reform. Congressional leaders are calling for an investigation of the U. S. National Cancer Institute for its indifference to cancer prevention, other than smoking, and for denying the public of its Right-to-Know, and for failing to inform Congress and regulatory agencies.

Querida Hulda, puedes estar satisfecha de tu trabajo y de lo mucho que has hecho por el bien de la Humanidad.


Sin cáncer, siete años después: curando el cuerpo, la mente y el alma

En agosto de 2002 me detectaron un cáncer de seno.  La noticia me llenó de pavor. Pensé que mi muerte era inminente.  Durante varios meses no quise leer nada sobre el tipo de tumor que tenía ni sobre mis posibilidades de sobrevivir. Finalmente, me acerqué a la página de la American Cancer Society y comprobé que tenía un cáncer tipo IV y que. Según las estadísticas de la ACS, había gran posibilidad de que tuviera una recurrencia, no importa el tratamiento, en menos de 5 años. El cirujano que me hizo la mastectomía radical me dijo que necesitaba tratamientos de quimioterapia y radioterapia. Acudí a un oncólogo que me recomendaron, pero el hombre hablaba tan poco que me hacía pensar que  mi caso no tenía remedio. Por eso visité otros, pero todos querían darme tratamientos muy agresivos. Al parecer, tan mal estaba. Incluso uno quería que participara en un trial, de esos que hacen para experimentar medicamentos. Afortunadamente, pude contar con la opinión de una amiga que llevaba 12 años luchando con sus recurrencias. Alicia me aconsejó sabiamente: ¨Comienza por el medicamento menos agresivo. Ya tendrás tiempo de probar los otros, si no te queda más remedio. Y ese médico, -me dijo- ése lo que busca es conejillos de indias paras su propuestas¨. Seguí sus consejos y me quedé con mi médico mudo. En realidad, hubiera sido mejor que no dijera nada porque cuando le pregunté sobre el efecto que tendrían los tratamientos, me dijo que darían tiempo a que se desarrollara otro medicamento. O sea que, a lo sumo, el efecto sería paliativo y al cabo de un año volvería a tener cáncer.

Estuve sin trabajar durante 2 meses y durante ese tiempo me dediqué a ir con frecuencia a la librería Borders, la ¨biblioteca pública de San Juan¨.  También mi prima Jeanette me regaló varios libros. Comencé a leer todo lo que caía en mis manos sobre nutrición, medicina natural y autoayuda. Por primera vez en mi vida me alejé de lo racional y di paso a la espiritualidad.  Entraron en mi vida The first 16 secrets of chi, de Luk Chun Bond; Beating cáncer with nutrition, del nutricionista  Patrick Quillin; The cure for all advanced cancers, de la sorprendente  Hulda Clark; Getting well again, del oncólogo  O. Carl Simonton; Love, medicine and miracles, del cirujano Bernie Siegel; Its not about the bike: my journey back to life, del campeón ciclista Lance Armstrong…

Luego vinieron otros, como God helps those who help themselves, de Hanna Kroege, Los cuatro acuerdos, de Miguel Ruiz; The wonderful world within you, del nutricionista Roger J. Williams; Hablando con su ángel de la guarda, de Barbara Mark; The cancer answer y la maravillosa historia de Harry Lymphocyte, de Albert Carter; Women´s bodies, women´s wisdom, de Christiane Northrup …También me reí mucho con Quino, con Charles Schulz y con otros libros de chistes…Quisiera releerlos todos porque estoy plenamente convencida de que todos me ayudaron a superar, tanto la enfermedad como los tratamientos y a obtener la fuerza que da el conocimiento.

Durante los 6 meses que duró la quimio escuché diariamente las grabaciones de Bernie Siegel, ajena a lo que sucedía a mí alrededor en aquella habitación masiva en la que nos inyectaban intravenosamente venenos capaces de hacer una abertura en una pieza de tela. Patrick Quillin me ayudó a tomar la decisión valiente de desafiar a mi oncólogo radiólogo, al no aceptar más tratamientos de radioterapia que los estrictamente necesarios. La naturopatía puertorriqueña también me abrió los ojos a otras opciones:  Mildred Rivera y su Lucero de Salud, el tai chi de Ramón Korpf, Norman González Chacón, el Dr. Víctor Marcial Vega. También fui al Bright Spot, centro holístico de Wichita y al Ann Wigmore Institute, de Aguada.  Otras lecturas me ayudaron a descontinuar el medicamento que me recetaban para que mi cuerpo no produjera estrógeno. Más recientemente he leído Loving what is y he escuchado las increíbles  dinámicas de Byron Katie (Gracias a José y a Laura).

Por este camino también descubrí productos sencillos que pueden ser nuestros grandes amigos: el astragalus y otros tés medicinales, el aceite Olbas, el bicarbonato de soda, el vinagre, la plata coloidal (gracias a Marcial). También conocí a Alan en el Hogar de Niños que Quieren Sonreir, a los pacientitos de cáncer del Hospital Pediátrico. He abrazado muchas causas por la defensa del Planeta y de la medicina natural en todos sus aspectos.  Además, tengo mis propios ángeles. Pero sobre todo, no quiero olvidar y sé que tengo que hacer mucho más para dar gracias a la vida.

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